
El 15 de Octubre de 1.833 el Batallón de Voluntarios Realistas de Roa se reunieron en el bosque de La Ventosilla con el Cura Merino, dirigiéndose a Aranda de Duero, donde llegaron a las doce de la noche , quedando alojada toda la fuerza. Al día siguiente salieron unidos los dos batallones, uniéndose en marcha otros trozos de tropa. Con arreglo a las prevenciones y consignas que habían recibido los Comandantes y Oficiales , cuando se encontraban a unas cuatro leguas de Aranda, se gritó por primera vez: ¡Viva Carlos V!, ¡Viva el Rey absoluto de España. Se cantaron canciones patrióticas, se inflamó la tropa en alegría y desde aquel momento, llevados por el entusiasmo, todos olvidaron a sus familias e intereses que habían abandonado. Se difundió el rumor de que se trataba de entrar en la ciudad de Burgos, a recibir a Carlos V, pero no fue así, en vez de esto se encaminaron a Arauzo de Miel, donde permanecieron algunos días y se incorporaron bastantes fuerzas. Continuaron camino a la sierra, donde llegaron a juntarse cerca de 20 batallones de Voluntarios Realistas. En Huerta de Rey estaba el cuartel general de los carlistas, que hacían centinela a la entrada del pueblo por la noche, y a todos los que se acercaban les echaban el alto ¿ quién vive ? y si contestaban ¡Carlos V! les reconocían y les llevaban al cuerpo de guardia y el oficial les preguntaba quién eran, de donde eran y donde iban. La Junta Superior Gubernativa de Castilla la Vieja se trasladó a Arauzo de Miel para mayor seguridad. El 16 de Septiembre de 1.837 llamó la Junta a su presencia a don Gregorio González Arranz haciéndole saber que conociendo el prestigio de que gozaba en la villa de Roa y en su comarca, intentándole sublevarla a su favor de Su Majestad el rey don Carlos V, y conviniendo al real servicio nombrara para éste a persona de las condiciones que le adornaban , por acuerdo del pleno de la citada Junta, se había acordado nombrarle Alcalde Mayor de Roa, su contorno y pueblo limítrofes. Enseguida se le advirtió de la obligación de dar partes directos a la Junta de las novedades que se fuesen presentando en el desempeño de su cargo y prestar solemne juramento de fidelidad en el acto de recibir el oportuno nombramiento, como se hizo ante la expresada Junta en el día siguiente. La primera orden recibida era que en el término de 24 horas debía tener en sus manos el bastón de la real jurisdicción de Roa y otras órdenes reservadas de gran importancia. Después de buscar una caballería a las tres de la tarde salió de Arauzo de Miel no dejando de caminar durante toda la noche.
El 5 de Octubre de 1.837 tuvo lugar el primer encuentro y el principal y acaso decisivo en el lugar de Retuerta. Las tropas de la Reina eran más numerosas y cerca de las 10 llegó al campo el General Espartero con una reserva de 14 batallones, mientras que una pequeña parte de las fuerzas de don Carlos se ocupaban de guardar su persona, que había dormido aquella noche en Carazo. A la una de la tarde las fuerzas comenzaron su retirada y de las 700 bajas fueron iguales en ambos bandos. De nuevo se volvieron a encontrar en Barbadillo y Salas y en las inmediaciones de Gete. Un nuevo encuentro tuvo lugar cerca de Arauzo y allí los carlistas dejaron prisioneros unos veinte caballos.
El 14 de Octubre de 1.837 hubo un fuerte encuentro entre carlistas y liberales en Huerta de Rey, narrado por D.M.F.M. de Vargas en el libro titulado: La guerra en Navarra y las provincias Vascongadas (Madrid, Baltasar González 1.848), que dice: abundante sangre costó a los carlistas, siendo obligadas las fuerzas a volver a Silos, de donde habían salido por la mañana, con gran número de heridos, sin tener donde albergarlos, ni medicinas para curarlos, puesto que el hospital de Silos estaba saturado por los heridos en las batallas de Nebreda y Retuerta, pues en esta última villa los heridos pasaron de 480, entre ellos el Conde Madeira y M. de Keltsch con heridas en los brazos, Villarreal y el Coronel Reina herido en la cadera. La columna Real estuvo 15 días en esta región y el Cura Merino estaba algo cojo de una patada que le había dado un caballo y don Carlos estuvo retirado en Mamolar la noche del 5 de Octubre, después de haber descansado en Peñacoba debajo de un enebro.
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Fuente: Documentación de D. Canuto Merino Gayubas para la web de www.arauzodemiel.org